lunes, 13 de enero de 2020

Capítulo II
De la notable encomienda que le fue encargada a Fausto sin él saberlo 

Desde aquellos días habían transcurrido varios años.
Fausto había ido creciendo en aquel convento de dominicos en el que le habían introducido de bien pequeño. Se había destacado principalmente por su devoción y su vasto conocimiento sobre temas bíblicos y morales, así como en las enseñanzas del trivium, si bien las materias que versaban sobre aritmética y geometría no eran su especialidad, ya que, a pesar de seguir las rigurosas pautas para realizar un cálculo adecuadamente, muchas de las veces el resultado era erróneo.
Pero por lo demás no se podía tener queja sobre él. Se tenía plena conciencia de que Fausto se dedicaría a los asuntos eclesiásticos, lo que agradó sumamente a su madre y cierta reticencia que su padre debió ocultar magistralmente. En cuanto a sus hermanos, esto no les produjo una gran impresión.
Una mañana, se hallaba casi toda la orden reunida en la iglesia, cuando llegó un enviado, que por su porte, se suponía real. El portero, el Hermano Munio, atendió al recién llegado.
- ¿Cuál es el motivo de esta llegada tan imprevista?- comenzó el religioso.
- Me envían para comunicar al padre superior un asunto de vital importancia- fue la apresurada réplica del hombre-.
- Es que ahora mismo celebran la Santa Misa, no se yo si sería del todo adecuado interrumpirla para dar ese aviso. Estará bien esperar un poco, está llegando a su término.
Mientras tanto, en la misa, Fausto ocultaba cierto impulso de risa. A pesar de que hacían especial hincapié en que cantasen durante el oficio, casi nadie lo hacía, ni siquiera él mismo. A veces lo hacía, pero si notaba que nadie del banco lo hacía, el desistía en sus intentos. Para más inri, el clérigo que usualmente impartía la misa no pudo asistir aquel día y lo había sustituido un hombre cuya cabeza parecía demasiado pequeña para el resto del cuerpo.
Después del oficio, el padre superior recibió el llamado del mensajero. No había transcurrido ni un cuarto de hora cuando a Fausto le ordenaron que debía presentarse ante él. Temió que fuera una reprimenda por lo de la misa, pero teorizó que no había sido el único y que lo había tratado de disimular.
Así pues, se personó en el recibidor del convento y reparó en el hombre que se encontraba junto al fraile, con lo cual descartó todas las anteriores ideas.
- Señor, éste es Fausto, tal vez sea el que necesita la Corona.
¿Cómo? ¿Para qué le iba a necesitar la Corona?
- Por algo será, si me lo ha mencionado usted. Necesitamos a alguien que defienda la fe frente a esas herejías que se han ido extendiendo por el continente.
- ¿Y cuando debería partir? ¿Hoy, mañana quizá?
Pronto se dio cuenta de que, desconociéndolo, había entrado en un importante asunto de Estado.

Ariadna Díaz Campí, 2º de Bachillerato Letras

domingo, 15 de diciembre de 2019

TE CUENTO UN CUENTO

Hoy me he levantado con ganas de ser una storyteller o lo que nosotros conocemos como cuentacuentos, así que voy a contaros un cuento, pero eso sí, dándole mi toque personal.

Érase una vez...

Sí, ya sé que así empiezan todos los cuentos, pero es que no os podéis imaginar las ganas que tenía de utilizar alguna vez estas palabras, me encantan; unas palabras tan simples pero tan ilusionantes para los niños, porque ahí es donde empieza la aventura. Pero no os preocupéis, que a partir de ahora ya hago que este cuento sea especial y sólo para vosotros.
Para empezar, el protagonista de mi cuento no va a ser una linda princesa, ni un valiente príncipe, ni ningún entrañable animalito, en realidad el personaje principal de mi cuento va a ser el malo malote, el villano. Porque, imaginaros por un momento que en Caperucita Roja no existiese el Lobo Feroz, vaya cuento más corto hubiese sido, la niña de la capa roja lleva la cesta de comida a la abuelita y fin. ¡Qué aburrido!, ¿no? No me digáis que no empieza todo a ser más divertido cuando aparece el lobo y la intenta engañar, cuando llega corriendo por el atajo a casa de la abuela, ahí es cuando la historieta se pone de verdad interesante, además si no fuera por él nunca hubiésemos leído y escuchado tantas veces esas palabras archinococidas: "Para comeeeerte mejoooor".

Como os iba diciendo, todo cuento tiene ese protagonista bueno, gentil, dulce pero también tiene al malo del cuento, y es que, ¿os podéis imaginar a Cenicienta sin la malvada madrastra, a Blancanieves sin su envidiosa madrastra o a Hansel y Gretel sin la glotona bruja? De hecho, ahora ya hasta en el cine los malvados se están convirtiendo en protagonistas, como Maléfica...y es que yo pienso que al final, las apariencias engañan,y los malos no son tan malos, ni los buenos son tan buenos, ¿no opináis lo mismo?.

Vaya, me he ido por las ramas,y ya no me da tiempo a relataros el cuento, otro día será, pero quiero terminar igual que empecé, con las palabras clásicas con la que finalizan todos los cuentos y que nos ponen tan tristes, porque..."y colorín colorado este cuento se ha acabado".
FIN


Marta Mela, 4⁰ ESO B

domingo, 24 de noviembre de 2019

Capítulo I
De la introducción del nuevo entorno y presentación del individuo

Así pues, como las circunstancias nos llevan a ello, voy a relatar una serie de hechos anteriores a los de la primera parte.
Recordemos que Sinforoso tenía tres hermanos mayores: Fadrique, Fausto y Aldonza. De estos tres, el que va a merecer nuestra mayor atención será Fausto, el mediano.
Ocurrió que Doña Jafeta, madre de los hermanos, había crecido en una familia muy devota que mantenía una estrecha relación con la orden de predicadores (o dominicos). Algunos de sus parientes habían ingresado en la orden, y ella albergaba el anhelo de que, al menos, uno de sus hijos perteneciera a ella. Así pues, tras contraer matrimonio con Don Ansur, le refirió sus intenciones. Él aceptó, pero en su fuero interno deseaba que, si se llegaba a dar en alguno de sus hijos la vocación, por amor del cielo que no fuese el primogénito. “Sería en verdad un tremendo incordio -se decía-. Primero lo educas para que sea un gran señor como tú, y cuando crees que lo tienes todo de tu parte, va y resulta que quiere abandonar el mundo. No, señor, ya me encargaré de que no sea así…” Decía esto porque conocía casos semejantes en los que se habían producido problemas con la herencia y no estaba dispuesto a consentir aquello.
Algún tiempo después, nació Fadrique, su primer hijo. Don Ansur hizo una buena faena en no dejar que fuera influenciado por las intenciones de su esposa, si bien con los dos siguientes se mostró más permisivo. Así que, cuando Fausto alcanzó la edad mínima establecida fue enviado a un convento dominico, de nombre “Nuestra Señora del Buen Consejo”, donde aprendería las artes liberales y ya, si era voluntad de Dios, ingresaría allí como fraile.
Sus padres, Fadrique y Aldonza acompañaron allí a Fausto, que era apenas un niño. Lo que allí le sucedió lo narraremos en los siguientes capítulos. Don Ansur creía que con un hijo ocupado en los asuntos eclesiásticos ya era suficiente, aunque decidió no compartir estos pensamientos con Jafeta, pues sabía que esto la disgustaría enormemente y que no apoyaría sus proyectos.
Algunos años después nació Sinforoso. Tal vez su llegada consoló a su padre de las pocas veces que podía ver a Fausto. Por ello, hizo con él lo mismo que con Fadrique; con la doctrina común a todo el mundo le era suficiente, no era necesario incentivar al niño a convertirse en religioso. Lo que no sabía era que la vocación no era algo que se aprendía, sino que se sentía. En medio de su recelo, no había tenido en cuenta que tal vez Fausto no quisiese hacerse dominico, aunque eso era bastante improbable…

Ariadna Díaz Campí (2ºBachillerato Letras)

domingo, 10 de noviembre de 2019

Domingo

Estremeces los cimientos
de nuestros miedos a perder,
de ese temor a perdernos.
Traes las risas bajo mantas,
la ternura sin remedio.
Domingo, ¿qué es lo que tienes?
Que nos llevas al extremo,
que nos suavizas y dejas
a nuestra verdad expuestos.

Sandra Barquillo, 1⁰ Bachillerato letras

domingo, 3 de noviembre de 2019

Frío

Frío HELADO
que te congela las entrañas
Frío ARDIENTE
que te quema la piel
Frío MORDIENTE
que desgarra tu carne a dentelladas
Frío INMISERICORDE
que te deja vacío por dentro
Frío CEGADOR
que te anula los sentidos
Frío GÉLIDO
que te hace mirar sin ver
Frío GLACIAL
que sonríe cuando pierdes el Norte
Frío INSENSIBLE
qué no muestra piedad ante su rudeza
Frío IMPASIBLE
que ni inmuta si te ve morir
Frío APÁTICO
que ni siente ni padece tu desesperación
Frío INDIFERENTE
al que poco le importa tu sentir
Frío ABÚLICO
vacío, que te deja sin energía
Frío DISTANTE
que te ve sufrir sin importarle
Frío SECO
muerto en su interior
Frío IMPERTÉRRITO
sereno, al que nada puede perturbar
Frío INEXORABLE
inflexible, que siempre va a por ti
Frío INCLEMENTE
qué con su extrema intensidad te vence
Frío RIGUROSO
sereno y disciplinado, siempre al acecho
Frío INMUTABLE
Aquel te observa con cara de póker
Frío YERMO
árido, donde es difícil sobrevivir
Frío DESPECTIVO
orgulloso y desconsiderado con el mundo
Frío INHÓSPITO
desagradable, donde no se quiere habitar
Frío PUNZANTE
que te pincha las ilusiones
Frío PENETRANTE
que se mete en tu interior y te vacía.

Marta Mela, 4⁰ ESO B

domingo, 27 de octubre de 2019

Prólogo
Del inicio certero y verdadero de una nueva historia

Como cronista de los hechos, paréceme que es menester seguir narrando los acontecimientos que sucedieron a los que ya conocemos. Ya que larga ha sido la espera.
Para aquellos que desconozcan la anterior historia, he aquí un pequeño resumen; Sinforoso, el hijo más joven de Ansur, noble propietario de unas tierras conocidas como Urfíar, se cría en la corte de un amigo de su padre; por azares del destino, los caminos de nuestro protagonista se cruzan con los de Consorcia, hija del señor de las tierras. Por negarse éste a las proposiciones de aquélla, la joven profiere numerosas calumnias contra él, asunto por el cual es llevado a juicio, y del que sale bien librado por obra y gracia de emisarios provenientes de su parentela, desvelándose así que Consorcia se hallaba involucrada en asuntos ciertamente pecaminosos y no muy rectos, desapareciendo de escena.
Ahora bien, esto no se trata sino de una pequeña anécdota. En los capítulos venideros me dispondré a hablar no tanto de Sinforoso, sino de alguien a quien únicamente mencionamos en el primer capítulo del relato pasado, de suerte que no aburre de forma monótona al público. Lo que no quiere decir que lo dejemos totalmente desplazado, pues conforme avance la narración compartirá protagonismo con dicho personaje.
Pero, ¿de quién se trata? Lamentablemente tengo vedado el poder revelarlo ahora mismo. Es necesario saber esperar hasta el próximo capítulo.
Así pues, con esta introducción y pequeñas aclaraciones hechas, me retiro hasta su debido tiempo. Con Dios y hasta entonces.

Ariadna Díaz Campí, 2º de Bachillerato Letras

domingo, 20 de octubre de 2019

El arte de vivir 

Saca tus pinturas, vamos a colorear.
Siempre me ha llamado la atención como una persona puede hacer de una tarde gris de lluvia el escenario perfecto para uno de los recuerdos más felices de su vida; como para tanta gente una película, una canción o un libro puede tener un tono de color tan distinto.
Y es que... ¿Qué es el vida sino un libro para colorear? Cada uno vamos pintando de diversas experiencias y emociones las hojas de nuestras vidas, vamosy dotando un estilo propio y único al arte de vivir.

Hay días que somos un Fragonard, alegres y ligeros, otros días somos más un Dalí, incomprensibles y alocados, podemos ser un misterioso Da Vinci, un guerrero Goya, un magistral Greco, un enorme Velázquez o un curioso Picasso... Quizá somos una mezcla de todos, un conjunto de estilos perfectamente acompasado a nuestros momentos.

Pero lo más bello sin duda son los pintores ladrones, aquellos que se cuelan en nuestros lienzos y nos prestan sus vivos colores cuando a nosotros solo nos quedan las pinturas oscuras, aquellos que hacen que vivir un día merezca la pena, esos que de tanto bailar al son del respirar quedan retratados borrosos y despeinados en el cuadro de nuestros recuerdos.

Nuestro deber es dejar al final una buena biografía ilustrada, que el cuadro de nuestra historia esté compuesto de momentos que hagan del conjunto una obra maestra de esas cuya fama es mundial y cuyo impacto sea personal, que ayudemos todo lo que podamos a colorear a los demás y que acabemos con las pinturas desgastadas y sin punta pero con el corazón lleno de latidos compartidos.

Así que sí, saca tus pinturas, vamos a colorear.

Claudia Cordero, 1⁰ Bachillerato Letras

domingo, 13 de octubre de 2019

Almas gemelas

Yo soy mucho como tú eres y ese es un vínculo permanente. Supongo que tú también eres mucho como yo soy.

Quizá, echando la vista veinte años atrás, yo era más yo de lo que soy ahora. Si entonces hubieran enseñado a ese chiquillo al hombre de hoy, te hubiera reconocido a ti en esa versión más mayor de él.

Y creo que no hay nada más bello que convertirte en lo que amas, imitando día a día esas virtudes que admiras hasta hacerlas tuyas y la copia se convierta en algo natural de tu ser.

Tanto te he querido que ahora creo que tengo partes de mí que no son realmente mías, sino que he adquirido a lo largo de este tiempo a tu lado y de las que, tengo que decirlo, no puedo estar más orgulloso.


Sandra Barquillo, 1⁰ Bachillerato letras