domingo, 10 de marzo de 2019

Capítulo IV
Sobre los muchos trabajos y tribulaciones sufridas a causa de mentiras sin mesura

Así las cosas, Consorcia, que no concebía más que maldades, se le ocurrió una manera infalible de atormentar al joven. Decidió no atacarle de frente, pues si lo hacía, la acabarían descubriendo,y en su lugar, optó por actuar de una manera más discreta. En esto se asemejaba a las serpientes; introducía el veneno de forma disimulada, que consumía a la víctima lentamente.
Cierto día, por ventura el siguiente al del incidente, fingió una aflicción tal, que todos la tomaron por cierta. Cuando se le preguntó la causa de tal sentimiento, refirió su versión de los hechos, esto es, sus enredosos engaños. Dichas falacias consistían, entre otras cosas, en que Sinforoso la había abordado cuando no había nadie al acecho, y que la había atacado muy violentamente, por no hablar de que no era la primera vez que hacía estas, sus villanías, y que temía actos peores.
Las falacias de dicha mujer se propagaron en aquel lugar como lo hacen las llamas de un incendio. Muchos temieron a partir de entonces a Sinforoso, y otros le insultaban. Por supuesto, no todos se guiaban por esta conducta, véanse por ejemplo las víctimas sobrevivientes de Consorcia, amigos del joven y el propio padre de la pérfida, que no creía al joven capaz de tales hechos; así que para demostrar su inocencia resolvió convocar un juicio con el propósito de demostrar su inocencia...

Antes de entrar en la gran sala en la que se llevaría a cabo el juicio, un grupo de simpatizantes de la doncella aprovechó la venida del afectado para comentar:
- ¡Este juicio es innecesario! ¡Si este rufián debería estar en las mazmorras!
-¡O en el infierno!
- ¡Tan cierto como que existe Dios!
Todo ello acompañado de risas.
Sinforoso, por su parte, sentía que le invadía un furor que encendía en él una rabia y un coraje indecibles. ¡Ya había soportado bastantes ultrajes! Pero, aguantándose todo ello, a pesar de que su mirada reflejaba en parte lo que sentía, repuso por su parte:
- Paréceme que es de buen caballero atender también a lo que el otro tiene que decir y no formarse juicios apresurados.

(Ariadna Díaz Campí, 1º de Bachillerato Letras)

domingo, 24 de febrero de 2019

Su saber es infinito
"Vale tanto para un roto como para un descosido". Cada vez que oigo o leo esta expresión a mi mente sólo viene una palabra: abuelos. Y es que no me digáis que no valen para todo.

Tenemos "la cocina de la abuela". Ni los mejores chefs del mundo con todas sus estrellas michelín te hacen los guisos de las abuelas; no son platos elaborados ni sofisticados, ni de caros ingredientes, pero sus esponjosas tortillas de patata, sus deliciosos buñuelos, su rico potaje...tienen ese sabor inigualable que los hacen los más deliciosos de los manjares.

Tenemos "los remedios de la abuela". Y es que ellos tienen remedios para todo; los abuelos no son médicos, pero con un hilo te quitan el hipo; no son expertos en química, pero no hay mancha que se les resista; no son maestros, pero por la cuenta la vieja te ayudan con los problemas de matemáticas...su saber es infinito.

Tenemos su "saber popular". Todavía no he hecho una pregunta que un refrán no haya contestado.¿Por qué no te gusta mi amigo? "Dime con quién andas y te diré quién eres" o "Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija". Lo dicho, su saber es infinito.

Tenemos "las batallitas del abuelo". Ellos son los mejores documentales que existen. Sus aventuras y desventuras de niñez y juventud son inmejorables. Ríes, lloras,...son momentos que te llegan al alma y, cuando por desgracia ellos ya no estén, al recordar esas historias sientes que tuviste un regalo de la vida, cada momento pasado con tus abuelos.

Adoro a mis abuelos, pero también a todos los abuelos. Cuando les miro, sus arrugas me parecen bellas porque sé que cada una de ellas es una vivencia, un día pasado y tienen muchas porque han vivido mucho. Cuando veo sus canas sé que las preocupaciones, los malos momentos han ido tiñendo de blanco su cabello, pero cada día vivido les ha hecho un poco más sabios.
Porque su saber, no me canso de repetirlo,... es infinito.

(Marta Mela, 3ºESO B)

lunes, 11 de febrero de 2019

Culpa y esperanza

Cuando me dice las cosas tantas veces me pone nervioso. Me persigue calle tras calle en un paseo dominical. Huyo de ella, que me observa tras los espejos o mientras estoy dormido. Se esconde por las esquinas o en el asiento de atrás del coche. Se sirve de la cristalina mirada de mi madre como arma para desmoronarme. A veces, cuando más vulnerable me encuentra, aprovecha para asediarme a reproches que me envuelven en una profunda pesadumbre. Y no deja de hacerme sentir como la víctima. La víctima de ella, de la culpa. Se encuentra intrínsecamente unida a mi piel. Intentar deshacerme de ella va a conducirme a la locura. Confiada de su victoria pero competidora nata, no va a parar hasta humillarme por completo. El miedo también se une a la malvada empresa y es entonces cuando sé que estoy perdido. Los temblores y la angustia se adueñan de mí hasta un punto en el que no me reconozco.

Parece que nada puede salvarme.

Por suerte, sólo lo parece. Porque ni el miedo, ni la culpa habían contado con ella. Con una mirada de dulzura, aquella valquiria personificada, que nunca ha creído en imposibles se acerca. Y no, no es un espejismo. Creo que aún hay esperanza.

(Sandra Barquillo, 4º ESO A)

domingo, 3 de febrero de 2019

Capítulo III
Sobre cómo no fiarse de las apariencias y de las consecuencias de obrar bien

Desde aquellos acontecimientos habían transcurrido varios años. Por aquellos días, Sinforoso había traspasado la quincena hacía ya tiempo, pero sin embargo no alcanzaba todavía los veinte. En todo el tiempo que pasó no había recibido muchas noticias de su familia; sólo conocía que Fausto se había ordenado clérigo hacía tres años y que Aldonza contrajo matrimonio con Servando de Marzino. Por lo demás, no podía decirse mucho.
Resulta ser que Don Bermudo Ordóñez tenía una hija, llamada Consorcia, la cual era muy bella (aunque interiormente distaba mucho de serlo, mas esto era secreto a los ojos del mundo). Cada cierto tiempo acudía un infeliz que trataba de ganarse su amor por medio de halagos y a muchos los rechazaba (y no de forma muy adecuada, por cierto). Cuando no hacía esto, gustaba de seguirles la corriente y, sacando provecho de ello, poner en peligro sus vidas. Todo esto, cabe decir, era oculto, pues los unos sentíanse tan agraviados que no se atrevían a decir lo que les sucedió, y los otros, o temían por ellos mismos y no regresaban o ya habían pasado a mejor vida.
Dicho esto, pues, es preciso revelar lo que pasó con Sinforoso y Consorcia, y los problemas que esto le produjo al joven...
Iba a celebrarse un torneo, a pesar de estar en franca decadencia; hacía poco que una nueva época había comenzado a despuntar, como despunta el sol a la aurora. Sinforoso iba a participar en dicho evento, así que Consorcia, pensando que sería otro enamoradizo, se le acercó y le dijo:
-Caballero, os propongo algo; si os dejáis vencer, tendréis mi amor.
Él, de la impresión, se quedó por completo inmóvil. Cuando logró salir del estado de estupefacción en el que se hallaba, le sobrevino una soberana indignación y no dudó en replicar lo siguiente:
-¡¿Por quién me tomáis, doncella desvergonzada?! ¡Yo no me dejo vencer por causa de necios! ¡Que yo sólo obedezco a Nuestro Señor y al rey, y no a vulgares pécoras como vos!
Dicho esto, prosiguió su camino. Consorcia, ante estas palabras, enfureció como nunca antes se hubo visto, y juró, para sí, que haría lo posible para hacerle pasar por terribles tribulaciones. Y tenía bastantes medios para hacerlo.

(Ariadna Díaz Campí, 1º Bachillerato Letras)

domingo, 27 de enero de 2019

Aquella sala

La primera vez que entré en aquella sala me faltaron sentidos para apreciar, por lo menos un poco, de la majestad de su existencia.
Se respiraba un aroma a antiguo e infinito, y gustaba, en la realidad de mi delirio, un sabor a café avainillado, humeante. Aquella sala era juego cromático otoñal para mis ojos, dulce calma, invasora de todo ruido, suave tacto por el aire esparcido.
¡No uno, sino mil viajes rendidos a mi vida!¡No pocas, sino incontables aventuras!
Estaba allí donde el tiempo se paraba, donde quedaban inmortalizadas todas las épocas históricas; donde una letra, una palabra se adueñaba por un rato de tu vida.
Estaba entre muertos que resucitaban a mi gusto, entre vidas, sueños y promesas.
Estaba en el misterioso horizonte de la tierra, allá donde las estrellas refulgían.
Estaba en una sala que estaba en todas partes, y a la vez en ningún sitio, tierra de nadie.
La primera vez que entré en aquella sala, me aficioné a lo que esta contenía,eran vidas en libros encerradas, biblioteca que mortal y eterno unía.

(Claudia Cordero, 4º ESO A)

domingo, 20 de enero de 2019

¿Y por qué no?

-Papá, papá, ¿yo puedo viajar?- preguntó Mauro expectante.
El padre, en un principio duda, no sabe qué contestar,pero rápidamente le contesta:
-¡Por supuesto, cariño! ¿Dónde quieres que te llevemos mamá y yo?
El niño, de seis años, se queda pensativo. A ver, ¿dónde pueden ir?
-A París, papá.¡Quiero subir a la torre Eiffel!
El padre sonríe y le dice que se vaya a dormir, que en unos días viajarán a París.
Cuando se apaga la luz de la habitación, el padre y la madre se ponen manos a la obra, Mauro tiene que ir a París.
Ella saca telas, su máquina de coser. Él sus herramientas, cartulinas, muñecos de guiñol...Tienen poco tiempo y mucho por hacer.
Cada noche, durante estos últimos tres días, mientras Mauro duerme feliz soñando con esta aventura, ellos, sus padres, apenas duermen planeando este viaje tan especial.
Y por fin llega el gran día, hoy se van todos a París, y para celebrarlo toda la casa huele estupendamente; hay croissants de mantequilla y macarons de todos los colores y sabores para desayunar, ¡vaya festín se van a dar!,Mauro está feliz.
A través de su puerta, papá le pasa una escalera muy,muy, muy alta...
-¿Para qué será?- se pregunta Mauro ansioso.
A través del amplio cristal, que comunica su habitación con el salón de la casa, papá le dice que se suba a lo más alto. Él, obediente, así lo hace, y....
¡Oh, sorpresa!, ¡Desde allí se ve todo París! A la derecha está el Moulin Rouge y sus chicas del Cancán,cerca un extraño hombrecillo tocaba las campanas de Notre Dame, a lo lejos muchos pintores ensimismados en sus cuadros allí en Montmartre...¿y eso qué es? ¡Ah, sí, el Sena con sus batons rouges!
-¡Guauuu!- pensó Mauro.Estaba en París;no falta un detalle: desde la habitación, sus padres,llorando, le miran entusiasmados. Mauro no puede salir de esa habitación "burbuja", debido a su enfermedad, pero gracias a ellos ha podido viajar donde él quería, de eso ya se encargan ellos, cueste lo que cueste.
-¡Mamá, papá!-grita Mauro como un loco- Estoy en lo alto de la torre Eiffel! ¡Oh, là,là!
Esa noche fue Mauro el que no pudo dormir; su mente no dejaba de pensar a qué nueva ciudad viajarían la próxima vez.

(Marta Mela, 3º ESO B)

domingo, 13 de enero de 2019

Orgullo
Ese rico empobrecido
Ese pobre con dinero
al que tristezas y ruegos
nunca más han conmovido.

Ese monstruo fuerte y frío
esa mirada juiciosa
sus palabras venenosas
y su corazón sombrío.

Del orgullo es de quien hablo
al que tontos sucumbieron,
impasibles murieron,
mudos, sordos y sin tacto.

Ni una lágrima ni un llanto,
ni aún el amor más puro
como vuela nuestro orgullo,
ninguno vuela tan alto.

Tantos corazones rotos,
añicos ante el orgullo
al que pone tantos muros
entre unos y los otros.

A pesar de tantos males
aún hay gente que lo adora,
y del corazón les roba
los más hermosos afanes.

(María Carrión, 4º ESO A)

jueves, 3 de enero de 2019

Los dos traviesos
El día menos pensado
mirando por la ventana
un par de niños traviesos
padecieron la desgracia.

El primero, Juan José
tenía fuego en los ojos
y de tanto que le ardían 
maldad veían los otros.

Astutas y perspicaces
sus diabluras y trastadas
hacían sacar de quicio
a aquel que las avistaba.

El segundo, Javier Pérez
más sensato parecía
aparentaba dulzura
mucha bondad y alegría.

Pero tras esa mirada
su piel clara como el día
ni el más listo del lugar
sabía lo que escondía.

Los dos eran conocidos
en todas partes del pueblo
por su infinita maldad
aunque fueran dos pequeños.

Bebés, jóvenes, ancianos,
enfermos, ricos, casados,
todos temían la ira
de este par de mencionados.

La tarde que estoy narrando
los dos infantes malvados
en el alféizar estaban
maquinando entusiasmados.

Se dio la casualidad
de que por allí pasaba
Gabriela Matías Sánchez
de ambos la enamorada.

Los críos enloquecidos
y muy efusivamente
con griterío saludan
cual precarios pretendientes.

Al ver que no hacía efecto
su ridículo alboroto
empezaron a empujarse 
como necios uno a otro.

Cayéndose Javier Pérez
en uno de estos descuidos
se cambió de arriba a abajo
el semblante de su amigo.

Tras la inminente caída
del antiguo niño diablo
rápido acudió Gabriela
al cuerpo inerte de abajo.

El amigo desde arriba
sin haberlo deseado
era el único culpable
de aquel raro asesinato.

Gabriela Matías Sánchez
lloraba por la impresión
y su triste compañero 
desde arriba la imitó.

Desventurado ese día
en que aquello sucedió
aunque sirvió como fin
de diabluras de los dos.

Juan José irreconocible
cambió del todo en sus formas
este niño por su amigo
realizaba buenas obras.

Y Nuestro Señor del cielo
conmovido, da perdón
a este par de pobres chicos
sin maldad de corazón.

Sandra Barquillo Madroñal (4º ESO A)

viernes, 28 de diciembre de 2018


Capítulo II
Sobre una antigua amistad y otros sucesos de gran relevancia

Por aquellos días, el hijo más pequeño de Don Ansur debía frisar la edad de seis o siete años. Y de esta manera, fue enviado al hogar de Don Bermudo Ordóñez. Este insigne caballero era muy querido por el rey y, por tanto, tenía gran poder e influencia en la corte. Él y Don Ansur Antolínez de Urfíar habían entablado una gran amistad desde la infancia; ambos serían de la misma edad. Con el transcurso de los años, Bermudo se ganó el favor del soberano por el valor demostrado en batalla, mientras que Ansur debió ocuparse de diversos problemas en sus señoríos.

Pero retornemos a los sucesos que nos atañen. Sinforoso y su padre viajaron a la morada de Don Bermudo y después de los saludos mutuos y relatar las vivencias acaecidas durante sus últimos años, el niño fue presentado al señor de la casa.

Y aquí es necesario detenernos brevemente para describir al pequeño. Algo alto para su edad (mas no un gigante), de ojos grandes, verdosos y vivarachos, mejillas sonrosadas y que además contaba con una mata de traviesos rizos de color castaño. Al que lo conociera por primera vez le podría resultar un tanto arisco, cosa que no era del todo cierta. Simplemente tenía un extraño carácter; no era indisciplinado o rebelde, sino algo “cerrado”. La concepción que se tenía de él cambiaría con el tiempo, y aunque con el tiempo se hizo algo más comunicativo, se mantuvo serio y reservado (que no antipático, cabe aclarar).

Dicho esto, prosigamos. Luego de haber mantenido una larga charla, Don Ansur se despidió de ambos en el patio del castillo y emprendió el retorno a su hogar. Y he aquí que mientras se iba, el niño le llamó:

-¡Papá…!

Pero su padre no le oyó y siguió su camino. Allí quedó el pequeño, como si se le hubieran pegado los pies al suelo. Asemejábase a una estatua, todo él inmóvil…

(Ariadna Díaz Campí, 1º de Bachillerato Letras)


sábado, 15 de diciembre de 2018

Con los cinco sentidos

Mi madre, ávida lectora, desde muy pequeñita, me inculcó su amor por los libros cuando cada noche me leía un cuento. Esta afición compartida ha ido creciendo año tras año y ahora os voy a relatar el por qué YO amo a los libros...con los cinco sentidos.
Con la vista
Para mí es imposible pasar por delante de una librería y no entrar "a echar un vistazo", como también me es imposible ver una película en la que salen esas inmensas bibliotecas y no sentir envidia sana pues me imagino allí de pie eligiendo ese libro que toca leer ahora porque si algo tengo claro es que tú no eliges el libro, él te elige a ti.
Con el oído
Bello sonido, apenas perceptible pero música celestial para mis oídos es el leve susurro que hacen las hojas cuando las voy pasando, porque desde cada uno de sus renglones el escritor por boca de los personajes me va contando su historia.
Con el olfato
Fue ya hace unos cuantos años, pero aún recuerdo la primera vez que entré en una librería muy antigua en el centro de Madrid, me quedé pasmada;a mi nariz llegó ese aroma especial que tienen los libros antiguos encuadernados en piel, de verdad que para mí sigue siendo un momento único e iba a decir irrepetible, pero no, porque cada vez que visito una de esas "viejas" librerías me ocurre lo mismo...me quedo pasmada...huele deliciosamente.
Con el tacto
Coger un libro es tocarlo, acariciarlo, sentirlo entre tus manos...una sensación electrizante, una descarga de endorfinas que te llevan a la felicidad.Me encanta tener un libro entre las manos;lo siento, pero los de las asignaturas del cole no entran en este rango de me encanta; esa textura del papel de cada una de sus hojas...es una pena, pero en el libro electrónico esto no lo puedo sentir.
Con el gusto
¡Ja, ja,ja! No, no os penséis que me como los libros, yo simplemente los devoro vorazmente. Cuando compro un libro, desde el segundo cero coma ya lo estoy leyendo, y no me dura ni una semana...
Cada año me doy "atracones" de lectura porque leer un libro es un festín para la mente, para la imaginación.

Por todas estas sensaciones que siento al leer es por lo que yo amo los libros...con los cinco sentidos.

(Marta Mela, 3º ESO B)

sábado, 1 de diciembre de 2018

Arte como medio de salvación

A veces me da miedo escribir. De hecho, muchas veces rechazo en rotundo hacerlo y me siento especialmente molesta si no me queda otra alternativa. Estos berrinches contra mis propias palabras no son más que miedo. Miedo porque a veces no sé lo que pienso hasta que leo lo que digo. Miedo a enfrentarme a cosas que están ahí y que muchas veces preferiría ignorar. Es la negación en su puro estado, es un "si no lo pienso no existe". Es un cinismo que camufla el dolor, un analgésico que durante un tiempo tiene su eficacia; pero a la larga no es satisfactorio.

Es entonces cuando entra en juego el papel y el boli, el teclado y la pantalla, la última hoja de un cuaderno en sucio en mitad del estudio o la primera hoja que pille en un desvelo de madrugada. Cualquier lugar es bueno cuando los pensamientos se desbordan. Es el momento en el que mente y sentimientos se ponen de acuerdo a pesar de lo que les cuesta a menudo. Y comienza el proceso de desahogo con palabras. Entonces,una vez superado todo el conflicto anterior, las letras se bordan solas una a una cual obra maestra de sastre real.

A un ritmo frenético que casi supera el pensamiento, van cogiendo forma lo que antes eran ideas abstractas que estaba ignorando.

Y llega el punto final. Es el suspiro de alivio y la paz dentro. Sea triste o feliz lo que hay sobre la hoja, es algo mío. Una parte de mí está en esas frases que tras de ellas esconden tanto. Y una vez las veo ya con forma es cuando recuerdo la salvación de escribir, el bien que me aporta hacerlo y que el hecho de no forzarlo y que en ocasiones lo complique tanto; es lo que hace que sea mi vía de escape, mi estrecho callejón secreto hasta la tranquilidad. Esa pincelada de orden y arte que el mundo necesita.

Sandra Barquillo Madroñal (4º ESO A)

sábado, 24 de noviembre de 2018


Capítulo I
Sobre nuestro personaje, su entorno y sus circunstancias
Digo, pues, que ya va siendo hora de dar comienzo a la historia que nos ocupa, la cual aconteció en un lugar llamado Urfíar, que paréceme que está situado en el reino de Castilla o en sus alrededores, hace ya algún tiempo.

 Aquí mismo vivía un caballero, que era señor de aquellas tierras, razón por la cual el nombre familiar tomó el mismo nombre del mencionado sitio, esto es, “de Urfíar”. Los orígenes de tal linaje se remontan a la época de la Reconquista; al ser Urfíar tomada a los moros-contaba el noble-, un antepasado suyo, del que se decía que había sido el más valeroso en la batalla, fue hecho señor de aquellas tierras por el rey, dando así inicio a su ilustre estirpe. Uno de sus hijos respondía al nombre de Sinforoso, y de él contaremos sus andanzas y adversidades.

Don Ansur, que así se llamaba el padre, ya había dictado testamento, no porque se encontrara en peligro de muerte, sino para que, en caso de que el Señor lo llamara a su lado en un momento desprevenido, evitar que hubiese disputas entre su prole al no haber nombrado heredero alguno.

Así pues, legó la mayor parte de su hacienda en manos de su primogénito, llamado Fadrique. Al segundo, Fausto, lo destinó al oficio eclesiástico; Aldonza sería casada con algún noble influyente… y por último quedaba Sinforoso. La verdad sea dicha, Don Ansur no sabía a qué destinarlo. Después de mucho cavilar, al fin llegó a una decisión; le dejaría la parte restante de la hacienda.

 “Sí, será lo mejor-se decía-. Además, veo que siente una gran simpatía por las letras, así es que creo que lo enviaré a la corte, para que allí se eduque. Después, ya se verá su porvenir.”

(Ariadna Díaz Campí, 1º de Bachillerato Letras)


domingo, 11 de noviembre de 2018

Siempre con nosotros
Zarpan los barcos del puerto
y aquí empieza la agonía
de los que se van cada día
para traer a casa sustento.

Muchos rezan al partir
a esa Señora bella
porque saben que con Ella
no es tan grande su sufrir.

Amada Virgen del Carmen
siempre viajas con nosotros
cuida de tus siervos devotos
y danos tu protección.Amén.

Y la Virgen desde el cielo
les sonríe dulcemente,
a Ella oran fervientemente
hallando así un gran consuelo.

Pero...

A veces la mar es cruel
y les gana la partida
cuán dura es esta vida
mas a Ella siguen siempre fiel.

Virgen del Carmen, SEÑORA
Virgen del Carmen, AMADA
Virgen del Carmen, AMIGA
Virgen del Carmen, POR SIEMPRE

Marta Mela Bonilla (3º ESO)

sábado, 3 de noviembre de 2018

Mi mano vestida con un bolígrafo se dispuso a hablar sobre la hoja de papel pero fue cuando mi mente hizo dudar a mi mano. ¿Qué es lo que voy a escribir? ¿Con qué narración vestiré la desnuda hoja cuadriculada que ante mí se presenta? ¿Será acaso un texto triste y oscuro así como me siento yo ahora? No, no quisiera hacer participar a mis estimados lectores de mis desdichas. ¿Por qué no un texto alegre y feliz? Imposible, mi conciencia no me deja exponer tal hipocresía, y no voy a disfrazar una sonrisa o forzar una risa como quien fuerza a un niño pequeño a decir papá o mamá. ¿Un texto misterioso, intrigante, que estreche cada vez más la línea que separa nuestra ociosa realidad del maravilloso mundo de las letras? ¿Y por qué no rescatamos hoy a la princesa encerrada en una torre?¿Por qué no darnos, entre las miles de nubes, soles, lunas y estrellas de un país desconocido y lejano, un paseo a lomos de un dragón de fuego? ¿Y si nos escapamos y ayudamos al capitán Sparrow a encontrar la Perla Negra? ¡También podemos sumirnos en un hermoso cuento de hadas! ¡O luchar contra una bruja! ¡Hablar con los espantapájaros! ¡Llorar con los lobos! ¡Tantas cosas de la mano de mi bolígrafo negro...! ¡Tantos sueños por cumplir!¡Y poder alumbrar con mi caligrafía lo más oscuro del aburrimiento...! ¡Tantas aventuras por vivir! ¡Tanto por hacer! ¡Tantos amigos a los que conocer...! Tantas y tantas cosas que me hacen sumir en el mundo de la fantasía y a la vez olvidarme de que no tengo más espacio en la hoja para ni tan siquiera empezar a escribir con mi mano vestida con un bolígrafo.

María Carrión (4ºESO A)

viernes, 26 de octubre de 2018

Carta de despedida

Es difícil. Difícil porque podría decirte las palabras más bonitas del mundo, podría reconocer la locura que me provocan tus miradas fugaces. Escribiría un libro completo describiendo la luz que transmites y esa parte tuya genial hasta el hartazgo. Contaría que lloras sin derramar una lágrima y que amas de verdad en el momento en el que se inundan tus ojos. Y créeme que si el reloj dejase de avanzar angustiosamente mientras escribo estas palabras pasaría la eternidad cumpliendo mi proyecto. Pero el tiempo cruel nunca se apiada y ahora queda poco. Así que dime, tú, que has resuelto todas las dudas que me surgían siendo la solución a todos mis problemas; te ruego que me respondas a la pregunta que atrona en mi cabeza ahora persiguiéndome sin descanso, impidiéndome poder pensar en otra cosa y consumiéndome vorazmente. Dime, ¿cómo hago de un papel una caricia?, ¿de una hoja una vida entera?, ¿cómo te abrazo a través de las letras?, ¿cómo oirás mi voz en las palabras escritas cuando ya no esté?

Ojalá hubiera encontrado antes la respuesta a mis inquietudes pero ahora es tarde y pronto ni siquiera me quedará el escribirte. Por eso, y por mi incapacidad de tatuar mi amor al folio no voy a escribirte más que este garabato de frases como despedida. Recuérdame mientras pude mirarte a los ojos y sólo así sentirás de veras mi sentimiento sincero. Prometo volver a decírtelo con la mirada algún día. Te observo desde arriba,tarda mucho en venir.

Sandra Barquillo Madroñal (4º ESO A)

miércoles, 17 de octubre de 2018

Prólogo

Hoy os querría yo contar
una historia muy singular.
Nadie la conoció jamás,
de ella nunca se oyó hablar.
Larga historia no es,
mas corta tampoco ha de ser.
A este punto llegados
más me valdría ir acabando
esta introducción,
para empezar a narrar
lo que antes se prometió.

Ariadna Díaz Campí (1º de Bachillerato)