domingo, 19 de mayo de 2019

Capítulo VI
Que trata sobre el buen final de esta historia y el inicio de las que vendrán

Fue entonces, en aquel preciso instante, cuando se presentó en la sala un individuo bastante peculiar. El sujeto más bajo de allí podía perfectamente sobrepasarle una o dos cabezas, además de poseer un prominente unicejo, ojos saltones, rostro enjuto y una nariz de patata superlativa, conjunto que aunque irrisorio no dejaba de perder su dignidad. El juez le exigió que se identificase.
- Yo- replicó con su voz aguda- me llamo Tomaide Frontón, hijo de Frontón Tomaide, natural de Urfíar. Me envían los familiares del acusado.
- De acuerdo. ¿Y de qué nos quiere informar?- preguntó el juez inclinándose sobre el asiento, entrecruzando los dedos de las manos y mirando a Tomaide inquisitivamente.
- Cuando nos llegaron las noticias de este joven referentes al asunto que hoy se nos presenta en juicio, el señor Fadrique, primogénito de Don Ansur, me ordenó iniciar una indagación secreta sobre estas circunstancias tan extrañas. Así pues, llevé conmigo a unos cuantos de mis hombres y nos introdujimos en estos lugares por la noche. Debimos ser cautelosos en extremo, pues de lo contrario, la misión terminaría en fracaso. De repente, uno de mis hombres notó que había como una baldosa suelta. La extrajo del suelo y, como nuestros ojos ya se habían acostumbrado a la oscuridad, distinguió un habitáculo secreto. Clavamos una estaca en el suelo, atamos a ella una cuerda y por ella fuimos bajando. Y en él encontramos cosas horrorosas, que nadie dude. Había signos extraños en las paredes, de color rojizo. A mis narices llegaba un olor como de mezcla entre podredumbre y azufre. A todo ello he de sumarle que encontramos un libro cuya portada tenía el mismo signo que vimos en las paredes. Lo estuvimos revisando y, según pudimos comprobar, estaba escrito en latín, y al traducirlo, parece ser que... eran rituales satánicos.
-¿¡CÓMO!?
-Lo hemos traído, para que Su Señoría se fíe de nosotros-dicho lo cual, extrajo de un saco de tamaño mediano un libro de terciopelo rojo con un símbolo del mismo color, pero mucho más oscuro. Venía a representar como una especie de pentagrama invertido. Lo entregó a los letrados, quienes lo fueron examinando minuciosamente. Llegaron a una página específicamente marcada, en la que hallaron el mismo signo pero con un macho cabrío antropomorfo y que parecía una especie de conjuro. Traduciéndolo, obtuvieron la siguiente frase: Cómo endemoniar a un ser humano, matarlo y usarlo para diversos maleficios.
-Eso no es todo- prosiguió el hombre-. Vimos que la habitación tenía unas escaleras, por las cuales subimos y así llegamos a un portón. Con cierta argucia conseguimos abrirlo, y daba a un dormitorio. ¿A que no adivinan quién dormía allí?- Esto último lo dijo dirigiendo su mirada a Consorcia, que se encontraba visiblemente contrariada.
-Hija mía, ¿no será... que practicas brujería y haces pactos con el Maligno?- inquirió Don Bermudo.
La joven agachó la cabeza, y cuando la levantó, un ratito después, esbozaba una sonrisa torcida y una mirada sombría y amenazadora, diciendo, con una voz que no parecía de este mundo:
-Así que habéis descubierto mi secreto...
Ante el asombro y terror de todos, su figura se vio envuelta en llamas, tras lo cual desapareció de allí, para no volver jamás.

Después de estos acontecimientos, Sinforoso continuó en aquel lugar despreocupadamente hasta que cumplió sus días allí, y volvió a sus tierras. Yo, su cronista, podría contar más historias de su vida, porque hay muchas más y muy interesantes, por cierto, pero son tantas que creo más oportuno dejarlo aquí.
***
Mi más sincero agradecimiento a todos mis lectores, que con su tesón y paciencia han seguido el transcurso de este relato y que harán que, por ellos, yo siga escribiéndoles estas, mis historias.

Ariadna Díaz Campí (1º de Bachillerato Letras)

domingo, 5 de mayo de 2019

Una hoja de mi diario
Son muchas las veces que me preguntan el porqué escribo. ¿Qué es lo que quiero demostrar? Si he de decir la verdad nunca me lo había planteado antes, pero la reiteración de la pregunta me ha hecho sentarme ante esta hoja y pensar: A ver, Marta, ¿por qué escribes?
Una primera respuesta obvia podría ser para ser famosa, pero en mi caso creo que no, mentiría si dijera que no me gustaría ser la que hubiera escrito la saga de Harry Potter o los libros de Narnia, o incluso ser capaz de escribir esas maravillosas letras de las canciones de Fito o Sabina, pero siendo realista yo escribo en un blog que la verdad no sé ni cuántos seguidores tiene, pero vamos, ya me imagino que no serán miles, quizás ni cientos,o sea que famosa, famosa no me voy a hacer, pero el orgullo y la sorpresa de que pensaran en mí para colaborar en Lestonnaquia fue grande.
En realidad, yo escribo muchas cosas, palabras, frases, pensamientos,algunas veces se quedan sólo en eso, en borrones en una hoja; es posible que esto que estoy escribiendo en este mismo momento termine también en mi carpeta de los desechos, pero puede que al final estas líneas vean la luz y las de la oportunidad de que alguien las lea y despierte en él algún tipo de sentimiento, porque lo que sé es que si escribo no es para gustar sino para que al igual que yo escribo lo que siento, el lector sienta algo cuando lea mis palabras.
Soy una persona tímida, a lo mejor es esa una de las razones por las que escribo, para plasmar en el papel lo que soy incapaz de expresar al hablar; plagiando a Fito diría: "...para decirte lo que nunca canto,para cantarte lo que nunca digo..." . Al escribir me libero de esa losa que me aplasta en sociedad y me veo capaz de todo:me siento libre, ligera, valiente, orgullosa... en una palabra feliz: sí, ahora que lo pienso, cuando escribo ¡soy feliz!
Los lectores del blog saben mi nombre, mi edad por el curso en el que estudio, pero no saben cómo soy físicamente,ese anonimato me sirve de escudo; cuando leen lo que escribo (les guste o no), es por lo que les inspira mi yo interior y no por cómo es mi yo exterior. La mayoría de lo que escribo son cosas que conozco, que siento, cosas que me llaman la atención; yo también leo cada una de mis publicaciones y me hace conocerme mejor, yo misma me descubro en mis escritos.
Por lo tanto, contestando la pregunta del principio diría: "No quiero demostrar nada a nadie, no necesito demostrar nada a nadie; escribo porque me encanta contar cosas, me descubro en cada publicación y sobre todo porque me hace feliz".

Marta Mela (3º ESO B)

domingo, 14 de abril de 2019

Capítulo V 
Que trata sobre el juzgamiento de nuestro joven

Prosiguiendo con los hechos que contamos en la última ocasión, Sinforoso entró en la sala del tribunal. Era una estancia de grandes proporciones; detrás del asiento del juez había colgado un tapiz acabado en tres picos, el cual contaba con el escudo de la familia. A ambos lados del asiento del juez se encontraban los del público. En el centro de la sala sería el lugar indicado para el acusado y el jurado estaba dispuesto en semicírculo alrededor del susodicho. 
El juicio dio comienzo. El juez leyó las circunstancias del caso y los cargos que se le imputaban al acusado. Después, se procedió a llamar a los testigos para que declarasen sobre los hechos que atañían al caso. El joven se sintió atribulado; él sabía que él llevaba la razón consigo, y eso hacía que tuviese la conciencia tranquila. Pero, si por un inoportuno giro de los acontecimientos esa arpía hacía uso de sus argucias para salirse con la suya, ¿qué sería de él? Rezaba a Dios para que le sacase de aquel apuro. Tenía la certeza de que, ante Sus ojos, él estaba exento de culpa. Oró para que Su voluntad fuera que le liberaran.
Al principio, los testimonios seguían un hilo coherente, pero pronto se revelaron las primeras inconsistencias; estas últimas provenían de aquellos que no presentaban sus declaraciones con objetividad, conocían superficialmente el asunto o formaban parte de los aliados de Consorcia.  Proclamaban disparates tales que enumerarlos y relatarlos harían de esta historia un simpático tedio.
El público inició un incesante murmullo que se extendió a todos los presentes. El juez impuso orden y silencio con un sonoro mazazo sobre la mesa. Todos fueron callando progresivamente. Dirigió una mirada al acusado, el cual, cabizbajo, divagaba silenciosamente.
- Sinforoso de Urfíar...
El aludido levantó los ojos.
- ¿Qué tenéis que decir al respecto? 
No hubo res`puesta. Su señoría comenzaba a impacientarse.
-Os conmino a que nos digáis si las acusaciones que pesan sobre vos son ciertas.
No se oyó ni una mosca en la estancia.

(Ariadna Díaz, 1º Bachillerato Letras)

domingo, 7 de abril de 2019

SEMANA MAYOR
Domingo de Ramos
Todo empieza con gran algarabía
todos con palmas le reciben
Él llega en su borriquita
día de gozo y alegría.
Para nosotros
día de celebración
vamos con nuestro ramito
a recibir su bendición.
Lunes Santo, lunes de autoridad
Expulsa a los mercaderes
enfadado de su casa
purificando así el templo
lugar de oración.
También visita a su amigo Lázaro
y Judas ya se deja ver
criticando a María
porque con caro perfume
a Jesús unge los pies.
Empieza nuestra reflexión
sobre estos días de dolor.
Martes Santo, martes de controversia
Se enfrenta Jesús
a los ancianos y sacerdotes
que cuestionan su autoridad
también a los fariseos
les ha de enseñar
que a Dios lo que es de Dios
se ha de dar.
Jesús les anticipa
lo que ha de acontecer:
Judas, tú me entregarás
y Pedro, tú me negarás.
Nosotros rezamos pidiendo ayuda al Señor
para vencer dudas y miedos
y actuar con valor.
Miércoles Santo
Día tranquilo
que precede a la tormenta
día de penitencia
vísperas de su Pasión.
Nosotros en silencio
acompañamos a Cristo
en procesión.
Luz de velas,
sonidos de tambor,
susurros se oyen
cuando pasa ante nosotros el Señor.
Jueves Santo
Jesús les dio pan y vino
se instituye la comunión
en esa última cena
en la que Jesús
a sus discípulos lava los pies
humilde, sencillo
hombre, pero Hijo de Dios.
Nosotros, agradecidos por el regalo que nos da,
comemos su Cuerpo, bebemos su Sangre,
bendecidos en el altar.
En el huerto en oración
le pide al Padre poder pasar
pero ante todo que se haga su voluntad.
Acata lo que ha de venir aun sabiendo que será
grande su sufrir.
Traicionero ese beso de Judas
por treinta míseras monedas.
Para nosotros, momentos de indignación
por ese discípulo traicionero,
noche de vigilia,
día de oración.
Viernes Santo
Pilatos se lava las manos
en un falso juicio
perdido de antemano.
Nosotros, atónitos
miramos atrás
le condenan tan fácil
el pueblo lo pide a gritos,
soltad a Barrabás.
Nosotros somos culpables
de esa su muerte en la Cruz
cada uno de nuestros pecados
gracias a esa muerte serán perdonados.
Crucificado en esa Cruz
pasa sus últimos momentos
como humano, sufriendo
por una madre
que a sus pies llora a su Hijo Amado.
Muere el Jesús hecho hombre.
Para nosotros día de dolor
por todo su sufrimiento, pero también
día de gratitud, pues gracias
a su sacrificio obtendremos
el perdón a nuestros pecados.
Caro les costó, pero nunca se quejó
su Amor era infinito
y así nos lo demostró.
Yo te digo, ¡gracias, Señor!
Sábado Santo
Jesús está sepultado
junto al sepulcro velar
día de reflexión y silencio
esperando Su Resurrección.
En la Vigilia Pascual
el cirio a Cristo representará
fuego nuevo, principio y fin
de todo será,
renovación del bautismo
nuestra vela volverá a brillar.
Domingo de Resurrección
Y llega nuestra gran fiesta,
Jesús resucitó,
triunfó sobre la Muerte
y las puertas del Cielo nos abrió.
La esperanza cristiana nos llega
venciendo el pecado y la muerte
tras unos días en la tierra
nos espera una vida nueva y eterna
¡Resucitó, resucitó!
Debemos mostrar nuestra alegría,
¡ALELUYA!

(Marta Mela, 3º ESO B)

jueves, 28 de marzo de 2019

El bosque de los álamos
Por la noche en el bosque de los álamos
pasé por las ramas muertas y estridentes
apretando el corazón, puños y dientes
crucé las sombras negras de aquel tártaro.

Por la noche en el bosque más oscuro,yo
a la luz de mi candil anduve ardiente
en el miedo que encendía mi infortunio
por aquel oscuro bosque de Occidente.

De los lobos los aullidos se escuchaban
y la luna brillaba sobre aquel orbe,
licántropos que a su amante arrullaban
ya la muerte viste a manto de cobre.

Unas pisadas escuché a mis espaldas,
avancé un paso más y la tercera
y la cuarta, y la quinta y la sexta eran dadas,
que una séptima no haya y Dios lo quiera.

Pero, oh, cuán mala es hoy mi suerte,
séptima, eres más cercana que las otras
en atisbos de sombra sentí la muerte,
temblaban bajo mis pies las secas hojas.

Gíreme y dime la vuelta yo, ignorante,
y el temor calló mi voz nula con creces,
oh miedo,cuán poderoso y fiero sastre,
coses mi boca y mis gritos enmudeces.

Por la noche, en el bosque de los álamos
mi infortunio con lobos aúlla a la muerte,
conté yo las pisadas, diéronme suerte
entre álamos de cobre en aquel tártaro.

(María Carrión, 4º ESO A)

domingo, 10 de marzo de 2019

Capítulo IV
Sobre los muchos trabajos y tribulaciones sufridas a causa de mentiras sin mesura

Así las cosas, Consorcia, que no concebía más que maldades, se le ocurrió una manera infalible de atormentar al joven. Decidió no atacarle de frente, pues si lo hacía, la acabarían descubriendo,y en su lugar, optó por actuar de una manera más discreta. En esto se asemejaba a las serpientes; introducía el veneno de forma disimulada, que consumía a la víctima lentamente.
Cierto día, por ventura el siguiente al del incidente, fingió una aflicción tal, que todos la tomaron por cierta. Cuando se le preguntó la causa de tal sentimiento, refirió su versión de los hechos, esto es, sus enredosos engaños. Dichas falacias consistían, entre otras cosas, en que Sinforoso la había abordado cuando no había nadie al acecho, y que la había atacado muy violentamente, por no hablar de que no era la primera vez que hacía estas, sus villanías, y que temía actos peores.
Las falacias de dicha mujer se propagaron en aquel lugar como lo hacen las llamas de un incendio. Muchos temieron a partir de entonces a Sinforoso, y otros le insultaban. Por supuesto, no todos se guiaban por esta conducta, véanse por ejemplo las víctimas sobrevivientes de Consorcia, amigos del joven y el propio padre de la pérfida, que no creía al joven capaz de tales hechos; así que para demostrar su inocencia resolvió convocar un juicio con el propósito de demostrar su inocencia...

Antes de entrar en la gran sala en la que se llevaría a cabo el juicio, un grupo de simpatizantes de la doncella aprovechó la venida del afectado para comentar:
- ¡Este juicio es innecesario! ¡Si este rufián debería estar en las mazmorras!
-¡O en el infierno!
- ¡Tan cierto como que existe Dios!
Todo ello acompañado de risas.
Sinforoso, por su parte, sentía que le invadía un furor que encendía en él una rabia y un coraje indecibles. ¡Ya había soportado bastantes ultrajes! Pero, aguantándose todo ello, a pesar de que su mirada reflejaba en parte lo que sentía, repuso por su parte:
- Paréceme que es de buen caballero atender también a lo que el otro tiene que decir y no formarse juicios apresurados.

(Ariadna Díaz Campí, 1º de Bachillerato Letras)

domingo, 24 de febrero de 2019

Su saber es infinito
"Vale tanto para un roto como para un descosido". Cada vez que oigo o leo esta expresión a mi mente sólo viene una palabra: abuelos. Y es que no me digáis que no valen para todo.

Tenemos "la cocina de la abuela". Ni los mejores chefs del mundo con todas sus estrellas michelín te hacen los guisos de las abuelas; no son platos elaborados ni sofisticados, ni de caros ingredientes, pero sus esponjosas tortillas de patata, sus deliciosos buñuelos, su rico potaje...tienen ese sabor inigualable que los hacen los más deliciosos de los manjares.

Tenemos "los remedios de la abuela". Y es que ellos tienen remedios para todo; los abuelos no son médicos, pero con un hilo te quitan el hipo; no son expertos en química, pero no hay mancha que se les resista; no son maestros, pero por la cuenta la vieja te ayudan con los problemas de matemáticas...su saber es infinito.

Tenemos su "saber popular". Todavía no he hecho una pregunta que un refrán no haya contestado.¿Por qué no te gusta mi amigo? "Dime con quién andas y te diré quién eres" o "Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija". Lo dicho, su saber es infinito.

Tenemos "las batallitas del abuelo". Ellos son los mejores documentales que existen. Sus aventuras y desventuras de niñez y juventud son inmejorables. Ríes, lloras,...son momentos que te llegan al alma y, cuando por desgracia ellos ya no estén, al recordar esas historias sientes que tuviste un regalo de la vida, cada momento pasado con tus abuelos.

Adoro a mis abuelos, pero también a todos los abuelos. Cuando les miro, sus arrugas me parecen bellas porque sé que cada una de ellas es una vivencia, un día pasado y tienen muchas porque han vivido mucho. Cuando veo sus canas sé que las preocupaciones, los malos momentos han ido tiñendo de blanco su cabello, pero cada día vivido les ha hecho un poco más sabios.
Porque su saber, no me canso de repetirlo,... es infinito.

(Marta Mela, 3ºESO B)

lunes, 11 de febrero de 2019

Culpa y esperanza

Cuando me dice las cosas tantas veces me pone nervioso. Me persigue calle tras calle en un paseo dominical. Huyo de ella, que me observa tras los espejos o mientras estoy dormido. Se esconde por las esquinas o en el asiento de atrás del coche. Se sirve de la cristalina mirada de mi madre como arma para desmoronarme. A veces, cuando más vulnerable me encuentra, aprovecha para asediarme a reproches que me envuelven en una profunda pesadumbre. Y no deja de hacerme sentir como la víctima. La víctima de ella, de la culpa. Se encuentra intrínsecamente unida a mi piel. Intentar deshacerme de ella va a conducirme a la locura. Confiada de su victoria pero competidora nata, no va a parar hasta humillarme por completo. El miedo también se une a la malvada empresa y es entonces cuando sé que estoy perdido. Los temblores y la angustia se adueñan de mí hasta un punto en el que no me reconozco.

Parece que nada puede salvarme.

Por suerte, sólo lo parece. Porque ni el miedo, ni la culpa habían contado con ella. Con una mirada de dulzura, aquella valquiria personificada, que nunca ha creído en imposibles se acerca. Y no, no es un espejismo. Creo que aún hay esperanza.

(Sandra Barquillo, 4º ESO A)

domingo, 3 de febrero de 2019

Capítulo III
Sobre cómo no fiarse de las apariencias y de las consecuencias de obrar bien

Desde aquellos acontecimientos habían transcurrido varios años. Por aquellos días, Sinforoso había traspasado la quincena hacía ya tiempo, pero sin embargo no alcanzaba todavía los veinte. En todo el tiempo que pasó no había recibido muchas noticias de su familia; sólo conocía que Fausto se había ordenado clérigo hacía tres años y que Aldonza contrajo matrimonio con Servando de Marzino. Por lo demás, no podía decirse mucho.
Resulta ser que Don Bermudo Ordóñez tenía una hija, llamada Consorcia, la cual era muy bella (aunque interiormente distaba mucho de serlo, mas esto era secreto a los ojos del mundo). Cada cierto tiempo acudía un infeliz que trataba de ganarse su amor por medio de halagos y a muchos los rechazaba (y no de forma muy adecuada, por cierto). Cuando no hacía esto, gustaba de seguirles la corriente y, sacando provecho de ello, poner en peligro sus vidas. Todo esto, cabe decir, era oculto, pues los unos sentíanse tan agraviados que no se atrevían a decir lo que les sucedió, y los otros, o temían por ellos mismos y no regresaban o ya habían pasado a mejor vida.
Dicho esto, pues, es preciso revelar lo que pasó con Sinforoso y Consorcia, y los problemas que esto le produjo al joven...
Iba a celebrarse un torneo, a pesar de estar en franca decadencia; hacía poco que una nueva época había comenzado a despuntar, como despunta el sol a la aurora. Sinforoso iba a participar en dicho evento, así que Consorcia, pensando que sería otro enamoradizo, se le acercó y le dijo:
-Caballero, os propongo algo; si os dejáis vencer, tendréis mi amor.
Él, de la impresión, se quedó por completo inmóvil. Cuando logró salir del estado de estupefacción en el que se hallaba, le sobrevino una soberana indignación y no dudó en replicar lo siguiente:
-¡¿Por quién me tomáis, doncella desvergonzada?! ¡Yo no me dejo vencer por causa de necios! ¡Que yo sólo obedezco a Nuestro Señor y al rey, y no a vulgares pécoras como vos!
Dicho esto, prosiguió su camino. Consorcia, ante estas palabras, enfureció como nunca antes se hubo visto, y juró, para sí, que haría lo posible para hacerle pasar por terribles tribulaciones. Y tenía bastantes medios para hacerlo.

(Ariadna Díaz Campí, 1º Bachillerato Letras)

domingo, 27 de enero de 2019

Aquella sala

La primera vez que entré en aquella sala me faltaron sentidos para apreciar, por lo menos un poco, de la majestad de su existencia.
Se respiraba un aroma a antiguo e infinito, y gustaba, en la realidad de mi delirio, un sabor a café avainillado, humeante. Aquella sala era juego cromático otoñal para mis ojos, dulce calma, invasora de todo ruido, suave tacto por el aire esparcido.
¡No uno, sino mil viajes rendidos a mi vida!¡No pocas, sino incontables aventuras!
Estaba allí donde el tiempo se paraba, donde quedaban inmortalizadas todas las épocas históricas; donde una letra, una palabra se adueñaba por un rato de tu vida.
Estaba entre muertos que resucitaban a mi gusto, entre vidas, sueños y promesas.
Estaba en el misterioso horizonte de la tierra, allá donde las estrellas refulgían.
Estaba en una sala que estaba en todas partes, y a la vez en ningún sitio, tierra de nadie.
La primera vez que entré en aquella sala, me aficioné a lo que esta contenía,eran vidas en libros encerradas, biblioteca que mortal y eterno unía.

(Claudia Cordero, 4º ESO A)

domingo, 20 de enero de 2019

¿Y por qué no?

-Papá, papá, ¿yo puedo viajar?- preguntó Mauro expectante.
El padre, en un principio duda, no sabe qué contestar,pero rápidamente le contesta:
-¡Por supuesto, cariño! ¿Dónde quieres que te llevemos mamá y yo?
El niño, de seis años, se queda pensativo. A ver, ¿dónde pueden ir?
-A París, papá.¡Quiero subir a la torre Eiffel!
El padre sonríe y le dice que se vaya a dormir, que en unos días viajarán a París.
Cuando se apaga la luz de la habitación, el padre y la madre se ponen manos a la obra, Mauro tiene que ir a París.
Ella saca telas, su máquina de coser. Él sus herramientas, cartulinas, muñecos de guiñol...Tienen poco tiempo y mucho por hacer.
Cada noche, durante estos últimos tres días, mientras Mauro duerme feliz soñando con esta aventura, ellos, sus padres, apenas duermen planeando este viaje tan especial.
Y por fin llega el gran día, hoy se van todos a París, y para celebrarlo toda la casa huele estupendamente; hay croissants de mantequilla y macarons de todos los colores y sabores para desayunar, ¡vaya festín se van a dar!,Mauro está feliz.
A través de su puerta, papá le pasa una escalera muy,muy, muy alta...
-¿Para qué será?- se pregunta Mauro ansioso.
A través del amplio cristal, que comunica su habitación con el salón de la casa, papá le dice que se suba a lo más alto. Él, obediente, así lo hace, y....
¡Oh, sorpresa!, ¡Desde allí se ve todo París! A la derecha está el Moulin Rouge y sus chicas del Cancán,cerca un extraño hombrecillo tocaba las campanas de Notre Dame, a lo lejos muchos pintores ensimismados en sus cuadros allí en Montmartre...¿y eso qué es? ¡Ah, sí, el Sena con sus batons rouges!
-¡Guauuu!- pensó Mauro.Estaba en París;no falta un detalle: desde la habitación, sus padres,llorando, le miran entusiasmados. Mauro no puede salir de esa habitación "burbuja", debido a su enfermedad, pero gracias a ellos ha podido viajar donde él quería, de eso ya se encargan ellos, cueste lo que cueste.
-¡Mamá, papá!-grita Mauro como un loco- Estoy en lo alto de la torre Eiffel! ¡Oh, là,là!
Esa noche fue Mauro el que no pudo dormir; su mente no dejaba de pensar a qué nueva ciudad viajarían la próxima vez.

(Marta Mela, 3º ESO B)

domingo, 13 de enero de 2019

Orgullo
Ese rico empobrecido
Ese pobre con dinero
al que tristezas y ruegos
nunca más han conmovido.

Ese monstruo fuerte y frío
esa mirada juiciosa
sus palabras venenosas
y su corazón sombrío.

Del orgullo es de quien hablo
al que tontos sucumbieron,
impasibles murieron,
mudos, sordos y sin tacto.

Ni una lágrima ni un llanto,
ni aún el amor más puro
como vuela nuestro orgullo,
ninguno vuela tan alto.

Tantos corazones rotos,
añicos ante el orgullo
al que pone tantos muros
entre unos y los otros.

A pesar de tantos males
aún hay gente que lo adora,
y del corazón les roba
los más hermosos afanes.

(María Carrión, 4º ESO A)

jueves, 3 de enero de 2019

Los dos traviesos
El día menos pensado
mirando por la ventana
un par de niños traviesos
padecieron la desgracia.

El primero, Juan José
tenía fuego en los ojos
y de tanto que le ardían 
maldad veían los otros.

Astutas y perspicaces
sus diabluras y trastadas
hacían sacar de quicio
a aquel que las avistaba.

El segundo, Javier Pérez
más sensato parecía
aparentaba dulzura
mucha bondad y alegría.

Pero tras esa mirada
su piel clara como el día
ni el más listo del lugar
sabía lo que escondía.

Los dos eran conocidos
en todas partes del pueblo
por su infinita maldad
aunque fueran dos pequeños.

Bebés, jóvenes, ancianos,
enfermos, ricos, casados,
todos temían la ira
de este par de mencionados.

La tarde que estoy narrando
los dos infantes malvados
en el alféizar estaban
maquinando entusiasmados.

Se dio la casualidad
de que por allí pasaba
Gabriela Matías Sánchez
de ambos la enamorada.

Los críos enloquecidos
y muy efusivamente
con griterío saludan
cual precarios pretendientes.

Al ver que no hacía efecto
su ridículo alboroto
empezaron a empujarse 
como necios uno a otro.

Cayéndose Javier Pérez
en uno de estos descuidos
se cambió de arriba a abajo
el semblante de su amigo.

Tras la inminente caída
del antiguo niño diablo
rápido acudió Gabriela
al cuerpo inerte de abajo.

El amigo desde arriba
sin haberlo deseado
era el único culpable
de aquel raro asesinato.

Gabriela Matías Sánchez
lloraba por la impresión
y su triste compañero 
desde arriba la imitó.

Desventurado ese día
en que aquello sucedió
aunque sirvió como fin
de diabluras de los dos.

Juan José irreconocible
cambió del todo en sus formas
este niño por su amigo
realizaba buenas obras.

Y Nuestro Señor del cielo
conmovido, da perdón
a este par de pobres chicos
sin maldad de corazón.

Sandra Barquillo Madroñal (4º ESO A)

viernes, 28 de diciembre de 2018


Capítulo II
Sobre una antigua amistad y otros sucesos de gran relevancia

Por aquellos días, el hijo más pequeño de Don Ansur debía frisar la edad de seis o siete años. Y de esta manera, fue enviado al hogar de Don Bermudo Ordóñez. Este insigne caballero era muy querido por el rey y, por tanto, tenía gran poder e influencia en la corte. Él y Don Ansur Antolínez de Urfíar habían entablado una gran amistad desde la infancia; ambos serían de la misma edad. Con el transcurso de los años, Bermudo se ganó el favor del soberano por el valor demostrado en batalla, mientras que Ansur debió ocuparse de diversos problemas en sus señoríos.

Pero retornemos a los sucesos que nos atañen. Sinforoso y su padre viajaron a la morada de Don Bermudo y después de los saludos mutuos y relatar las vivencias acaecidas durante sus últimos años, el niño fue presentado al señor de la casa.

Y aquí es necesario detenernos brevemente para describir al pequeño. Algo alto para su edad (mas no un gigante), de ojos grandes, verdosos y vivarachos, mejillas sonrosadas y que además contaba con una mata de traviesos rizos de color castaño. Al que lo conociera por primera vez le podría resultar un tanto arisco, cosa que no era del todo cierta. Simplemente tenía un extraño carácter; no era indisciplinado o rebelde, sino algo “cerrado”. La concepción que se tenía de él cambiaría con el tiempo, y aunque con el tiempo se hizo algo más comunicativo, se mantuvo serio y reservado (que no antipático, cabe aclarar).

Dicho esto, prosigamos. Luego de haber mantenido una larga charla, Don Ansur se despidió de ambos en el patio del castillo y emprendió el retorno a su hogar. Y he aquí que mientras se iba, el niño le llamó:

-¡Papá…!

Pero su padre no le oyó y siguió su camino. Allí quedó el pequeño, como si se le hubieran pegado los pies al suelo. Asemejábase a una estatua, todo él inmóvil…

(Ariadna Díaz Campí, 1º de Bachillerato Letras)


sábado, 15 de diciembre de 2018

Con los cinco sentidos

Mi madre, ávida lectora, desde muy pequeñita, me inculcó su amor por los libros cuando cada noche me leía un cuento. Esta afición compartida ha ido creciendo año tras año y ahora os voy a relatar el por qué YO amo a los libros...con los cinco sentidos.
Con la vista
Para mí es imposible pasar por delante de una librería y no entrar "a echar un vistazo", como también me es imposible ver una película en la que salen esas inmensas bibliotecas y no sentir envidia sana pues me imagino allí de pie eligiendo ese libro que toca leer ahora porque si algo tengo claro es que tú no eliges el libro, él te elige a ti.
Con el oído
Bello sonido, apenas perceptible pero música celestial para mis oídos es el leve susurro que hacen las hojas cuando las voy pasando, porque desde cada uno de sus renglones el escritor por boca de los personajes me va contando su historia.
Con el olfato
Fue ya hace unos cuantos años, pero aún recuerdo la primera vez que entré en una librería muy antigua en el centro de Madrid, me quedé pasmada;a mi nariz llegó ese aroma especial que tienen los libros antiguos encuadernados en piel, de verdad que para mí sigue siendo un momento único e iba a decir irrepetible, pero no, porque cada vez que visito una de esas "viejas" librerías me ocurre lo mismo...me quedo pasmada...huele deliciosamente.
Con el tacto
Coger un libro es tocarlo, acariciarlo, sentirlo entre tus manos...una sensación electrizante, una descarga de endorfinas que te llevan a la felicidad.Me encanta tener un libro entre las manos;lo siento, pero los de las asignaturas del cole no entran en este rango de me encanta; esa textura del papel de cada una de sus hojas...es una pena, pero en el libro electrónico esto no lo puedo sentir.
Con el gusto
¡Ja, ja,ja! No, no os penséis que me como los libros, yo simplemente los devoro vorazmente. Cuando compro un libro, desde el segundo cero coma ya lo estoy leyendo, y no me dura ni una semana...
Cada año me doy "atracones" de lectura porque leer un libro es un festín para la mente, para la imaginación.

Por todas estas sensaciones que siento al leer es por lo que yo amo los libros...con los cinco sentidos.

(Marta Mela, 3º ESO B)

sábado, 1 de diciembre de 2018

Arte como medio de salvación

A veces me da miedo escribir. De hecho, muchas veces rechazo en rotundo hacerlo y me siento especialmente molesta si no me queda otra alternativa. Estos berrinches contra mis propias palabras no son más que miedo. Miedo porque a veces no sé lo que pienso hasta que leo lo que digo. Miedo a enfrentarme a cosas que están ahí y que muchas veces preferiría ignorar. Es la negación en su puro estado, es un "si no lo pienso no existe". Es un cinismo que camufla el dolor, un analgésico que durante un tiempo tiene su eficacia; pero a la larga no es satisfactorio.

Es entonces cuando entra en juego el papel y el boli, el teclado y la pantalla, la última hoja de un cuaderno en sucio en mitad del estudio o la primera hoja que pille en un desvelo de madrugada. Cualquier lugar es bueno cuando los pensamientos se desbordan. Es el momento en el que mente y sentimientos se ponen de acuerdo a pesar de lo que les cuesta a menudo. Y comienza el proceso de desahogo con palabras. Entonces,una vez superado todo el conflicto anterior, las letras se bordan solas una a una cual obra maestra de sastre real.

A un ritmo frenético que casi supera el pensamiento, van cogiendo forma lo que antes eran ideas abstractas que estaba ignorando.

Y llega el punto final. Es el suspiro de alivio y la paz dentro. Sea triste o feliz lo que hay sobre la hoja, es algo mío. Una parte de mí está en esas frases que tras de ellas esconden tanto. Y una vez las veo ya con forma es cuando recuerdo la salvación de escribir, el bien que me aporta hacerlo y que el hecho de no forzarlo y que en ocasiones lo complique tanto; es lo que hace que sea mi vía de escape, mi estrecho callejón secreto hasta la tranquilidad. Esa pincelada de orden y arte que el mundo necesita.

Sandra Barquillo Madroñal (4º ESO A)

sábado, 24 de noviembre de 2018


Capítulo I
Sobre nuestro personaje, su entorno y sus circunstancias
Digo, pues, que ya va siendo hora de dar comienzo a la historia que nos ocupa, la cual aconteció en un lugar llamado Urfíar, que paréceme que está situado en el reino de Castilla o en sus alrededores, hace ya algún tiempo.

 Aquí mismo vivía un caballero, que era señor de aquellas tierras, razón por la cual el nombre familiar tomó el mismo nombre del mencionado sitio, esto es, “de Urfíar”. Los orígenes de tal linaje se remontan a la época de la Reconquista; al ser Urfíar tomada a los moros-contaba el noble-, un antepasado suyo, del que se decía que había sido el más valeroso en la batalla, fue hecho señor de aquellas tierras por el rey, dando así inicio a su ilustre estirpe. Uno de sus hijos respondía al nombre de Sinforoso, y de él contaremos sus andanzas y adversidades.

Don Ansur, que así se llamaba el padre, ya había dictado testamento, no porque se encontrara en peligro de muerte, sino para que, en caso de que el Señor lo llamara a su lado en un momento desprevenido, evitar que hubiese disputas entre su prole al no haber nombrado heredero alguno.

Así pues, legó la mayor parte de su hacienda en manos de su primogénito, llamado Fadrique. Al segundo, Fausto, lo destinó al oficio eclesiástico; Aldonza sería casada con algún noble influyente… y por último quedaba Sinforoso. La verdad sea dicha, Don Ansur no sabía a qué destinarlo. Después de mucho cavilar, al fin llegó a una decisión; le dejaría la parte restante de la hacienda.

 “Sí, será lo mejor-se decía-. Además, veo que siente una gran simpatía por las letras, así es que creo que lo enviaré a la corte, para que allí se eduque. Después, ya se verá su porvenir.”

(Ariadna Díaz Campí, 1º de Bachillerato Letras)


domingo, 11 de noviembre de 2018

Siempre con nosotros
Zarpan los barcos del puerto
y aquí empieza la agonía
de los que se van cada día
para traer a casa sustento.

Muchos rezan al partir
a esa Señora bella
porque saben que con Ella
no es tan grande su sufrir.

Amada Virgen del Carmen
siempre viajas con nosotros
cuida de tus siervos devotos
y danos tu protección.Amén.

Y la Virgen desde el cielo
les sonríe dulcemente,
a Ella oran fervientemente
hallando así un gran consuelo.

Pero...

A veces la mar es cruel
y les gana la partida
cuán dura es esta vida
mas a Ella siguen siempre fiel.

Virgen del Carmen, SEÑORA
Virgen del Carmen, AMADA
Virgen del Carmen, AMIGA
Virgen del Carmen, POR SIEMPRE

Marta Mela Bonilla (3º ESO)

sábado, 3 de noviembre de 2018

Mi mano vestida con un bolígrafo se dispuso a hablar sobre la hoja de papel pero fue cuando mi mente hizo dudar a mi mano. ¿Qué es lo que voy a escribir? ¿Con qué narración vestiré la desnuda hoja cuadriculada que ante mí se presenta? ¿Será acaso un texto triste y oscuro así como me siento yo ahora? No, no quisiera hacer participar a mis estimados lectores de mis desdichas. ¿Por qué no un texto alegre y feliz? Imposible, mi conciencia no me deja exponer tal hipocresía, y no voy a disfrazar una sonrisa o forzar una risa como quien fuerza a un niño pequeño a decir papá o mamá. ¿Un texto misterioso, intrigante, que estreche cada vez más la línea que separa nuestra ociosa realidad del maravilloso mundo de las letras? ¿Y por qué no rescatamos hoy a la princesa encerrada en una torre?¿Por qué no darnos, entre las miles de nubes, soles, lunas y estrellas de un país desconocido y lejano, un paseo a lomos de un dragón de fuego? ¿Y si nos escapamos y ayudamos al capitán Sparrow a encontrar la Perla Negra? ¡También podemos sumirnos en un hermoso cuento de hadas! ¡O luchar contra una bruja! ¡Hablar con los espantapájaros! ¡Llorar con los lobos! ¡Tantas cosas de la mano de mi bolígrafo negro...! ¡Tantos sueños por cumplir!¡Y poder alumbrar con mi caligrafía lo más oscuro del aburrimiento...! ¡Tantas aventuras por vivir! ¡Tanto por hacer! ¡Tantos amigos a los que conocer...! Tantas y tantas cosas que me hacen sumir en el mundo de la fantasía y a la vez olvidarme de que no tengo más espacio en la hoja para ni tan siquiera empezar a escribir con mi mano vestida con un bolígrafo.

María Carrión (4ºESO A)

viernes, 26 de octubre de 2018

Carta de despedida

Es difícil. Difícil porque podría decirte las palabras más bonitas del mundo, podría reconocer la locura que me provocan tus miradas fugaces. Escribiría un libro completo describiendo la luz que transmites y esa parte tuya genial hasta el hartazgo. Contaría que lloras sin derramar una lágrima y que amas de verdad en el momento en el que se inundan tus ojos. Y créeme que si el reloj dejase de avanzar angustiosamente mientras escribo estas palabras pasaría la eternidad cumpliendo mi proyecto. Pero el tiempo cruel nunca se apiada y ahora queda poco. Así que dime, tú, que has resuelto todas las dudas que me surgían siendo la solución a todos mis problemas; te ruego que me respondas a la pregunta que atrona en mi cabeza ahora persiguiéndome sin descanso, impidiéndome poder pensar en otra cosa y consumiéndome vorazmente. Dime, ¿cómo hago de un papel una caricia?, ¿de una hoja una vida entera?, ¿cómo te abrazo a través de las letras?, ¿cómo oirás mi voz en las palabras escritas cuando ya no esté?

Ojalá hubiera encontrado antes la respuesta a mis inquietudes pero ahora es tarde y pronto ni siquiera me quedará el escribirte. Por eso, y por mi incapacidad de tatuar mi amor al folio no voy a escribirte más que este garabato de frases como despedida. Recuérdame mientras pude mirarte a los ojos y sólo así sentirás de veras mi sentimiento sincero. Prometo volver a decírtelo con la mirada algún día. Te observo desde arriba,tarda mucho en venir.

Sandra Barquillo Madroñal (4º ESO A)